Índice

Cuentos de Hadas

 
Afortunada
Alicia en el país de las maravillas
Barba Azul
Blancanieves
Caperucita Roja
Colás el Chico y Colás el Grande
Conla y el hada
El abecedario
El Ave Fénix
El destripaterrones
El duende de la tienda
El elfo del rosal
El flautista de Hamelín
El gato con botas
El gigante egoísta
El hijo de la luna
El mago de Oz
El nido de cisnes
El patito feo
El príncipe feliz
El ruiseñor
El ruiseñor y la rosa
El soldadito de plomo
El tesoro dorado
El sastrecillo valiente
El yesquero
Gulliver en Liliput
Hansel y Gretel
Jack y las Judías Mágicas
Juan con suerte
Juan sin miedo
La bella durmiente
La bella y la bestia
La cenicienta
La hilandera
La pareja de enamorados
La pequeña cerillera
La princesa del guisante
La princesa y la rana
La reina de las nieves
La rosa más bella del mundo
La sirenita
Las hadas
Las estrellas del cielo
Las flores de la pequeña Ida
Las siete cabritillas y el lobo
Los tres cerditos
Los Seis Cisnes
Los vestidos del emperador
Los zapatos rojos
Peter Pan
Pinocho
Piel de asno
Pulgarcito
Pulgarcita
Rapunzel
Ricitos de oro y los tres ositos
Riquete el copete
 

Cuentos de Maria Elena Walsh

Angelito el ángel guardián
Don fresquete
El País de la geometría
Historia de una Princesa, su papa y el Principe Kinoto Fukasuka
La Ñ también es gente
La sirena y el capitan
La Plapla
 
 
 
 

Cuentos de Navidad

El último sueño del viejo roble
 
Enlaces
 

Libro de Visitas

 

 



Ventanas al Alma

Rincón del Poeta

Fibromialgia un camino a la espiritualidad

Rincón de los Angeles

Rincón de las Hadas





Alicia en el país de las maravillas

de Lewis Carroll (cuento corto)

El país de las maravillas es ese delicioso lugar al que nos trasladamos todos cuando soñamos. Y a ese país encantador se encaminó nuestra buena Alicia un día de verano, cuando se encontraba leyendo un libro en compañía de su hermana mayor a la sombra de un frondoso árbol a la orilla de un arroyuelo.

De pronto, vio pasar delante de ella a un conejito blanco que muy malhumorado, miraba un gran reloj que había sacado del bolsillo de su levita.

Voy a llegar tarde, sé que voy tarde, son ya las cinco y a las cinco y media tengo que estar, sé que no llego.

Y siguió corriendo refunfuñando para sus adentros; Alicia se quedó maravillada.

Qué cosa más rara, un conejo que anda por ahí vestido con una levita, mirando un reloj de bolsillo y diciendo que llega tarde......¿Dónde irá? ¡Ah! Pues yo no me quedo sin saberlo, voy tras él.

Y sin pensarlo más siguió al conejo blanco que, un poco más lejos, se metió en un gran agujero que había en el hueco de un árbol.
Se ha escondido en ese árbol, pues yo le sigo........no quiero perderme la fiesta a la que seguro se dirige el conejo.
Dicho y hecho. Alicia se introdujo en el hueco del árbol, pero de pronto notó que caía en el vacío.

¡Ay, que me caigo! Qué raro, caigo pero despacito, despacito, como si bajara en un paracaídas.

Efectivamente, Alicia flotaba en su descenso como las hojas cuando en otoño se desprenden de los árboles lentamente, lentamente. Y así, fue a parar a una estancia llena de muebles parecida a una estancia llena de muebles parecida a un comedor de una casa cualquiera.
Esta debe ser la casa del conejito.


Al posarse sobre el suelo, vio al conejo blanco que desaparecía por una puerta chiquitita que había en un rincón de la habitación.
¡Oh, qué pena, y soy demasiado grande para pasar por esa puerta.....! voy a quedarme sin ver la fiesta.
 

Antes dijimos que Alicia había caído en el comedor de una casa cualquiera, pero no debemos olvidar que ahora se hallaba en el País de las Maravillas, donde todas las cosas son maravillosas, diferentes a la forma en que nosotros estamos acostumbrados a verlas. Así, las sillas estaban apoyadas en el techo, colgando cabeza abajo, las macetas eran las flores de las plantas mientras que las flores, hacían las veces de macetas. Dando vueltas por la habitación, vio un plato con bizcochos, unos eran de vainilla y otros de chocolate.

Tomó unos cuantos y se los echó al bolsillo. Mordió uno de vainilla

 y..................
¡Ah! Me estoy haciendo tan pequeñita como un conejo, ahora podré el fin ir tras el conejito blanco y ver qué hay detrás de esa puerta chiquitina.
Así lo hizo y se encontró en un jardín maravilloso, vio infinidad de enanitos y animalillos; También llamó

 su atención el ver que los jardineros se entretenían pintando las flores de muchos colores. A todos, preguntó Alicia por la dirección que había tomado el conejito, pero nadie supo darle razón.

Pues yo tengo que encontrarle, seguiré por ese caminito de la derecha,.... yo no me quedo sin ver la fiesta.
Luego de andar un buen rato, llegó a un claro del bosque, y allí vió una casita extrañísima, con forma de cafetera. Por una ventana vió al conejito blanco.
Por los pelos de mis bigotes, que llego tarde. ¿Dónde habré puesto mis guantes? Lo que me faltaba ahora. ¡Eh! ¿Qué haces tú aquí? Anda búscame mis guantes de ceremonia......Vamos deprisa que llego tarde.....niña entrometida. No los encontrarás no.....
¿Cómo son tus guantes? Si no me dices como son, no los podré encontrar.
¡Oh, qué niña más inútil!¿Cómo van a ser? Blancos ¿Cómo quieres que sean unos guantes de ceremonia?.
Alicia entró en la casa a cumplir el encargo del conejito y tuvo la suerte de encontrarlos enseguida.
Aquí están, ¿Son estos?.
Sí, sí, corre dámelos, veremos si llego.
El conejillo tomó los guantes, y a la carrera se alejó por un sendero del bosque como alma que lleva al diablo. Alicia trató de seguirle, pero de pronto se perdió de vista detrás de un seto.

Espérame, amigo conejo espérame, quiero ir contigo, ya no se le ve........
Desilusionada, Alicia siguió su camino en pos del conejito malhumorado.

Un poco más allá se encontró a un sombrero de copa que estaba tomando el té con una liebre saltarina. Le invitaron a compartir su merienda, pero no pudieron darle indicación alguna que sirviera para conocer la dirección que había tomado el conejo. De pronto, en el recodo del camino se oyeron los agudos sones unos clarines.

¿Qué será eso? Voy a ver.... Alicia aligeró el paso y.......¡Oh sorpresa! ¿Qué diréis que vio? Un cortejo de cartas de jugar al póquer armadas con unas lanzas que desfilaban marcialmente entonando cantos guerreros. Al frente del cortejo y tocando un clarín muy reluciente, se hallaba el conejo blanco en traje de gala y con el borlón de su cola desplegado.
-"......Somos los naipes de la baraja,......yo soy el rombo,.......y yo el corazón........yo soy el trébol........y yo el as de picas...........somos guardianes de la ilusión, a nuestra reina damos escolta, la defendemos con gran fervor, si alguien pretende causarle daño le propinamos un coscorrón........."
-¿Qué haces tú aquí Alicia?
-¡Vaya!, ¿con que por esto era tu prisa?......Qué elegante vas conejito.....
-Soy el mayordomo mayor de la reina de corazones. Ahora tendrás que jugar una partida de cartas con ella y si ganas, te mandará cortar la cabeza, pero si nota que haces trampas para perder, te cortará la cabeza también. ¿Ves ahora porque no quería que vinieras?
Alicia se echó a temblar y trató de esconderse detrás de una de las cartas, pero la reina la vio enseguida.
¡Eh, tú, niña, ven aquí! ¿Quién eres tú?
Pues.....yo majestad.....yo soy Alicia.
Pues bien Alicia, vamos a jugar una partida de cartas.
Alicia se asustó, sin embargo comenzó la partida tratando por todos los medios de perder todas las bazas con el fin de no enojar a la reina, pero ésta que era muy astuta, se diño cuenta enseguida.


¿Qué haces, por qué echas esa carta, es que quieres perder, crees que soy tonta? Pues no te librarás de mi castigo por haber venido a mi país sin mi permiso.
Yo majestad......la verdad es que............
¡Soldados, prendedla!
Alicia se vio perdida, echó a correr perseguida por los soldados. Ya la alcanzaban, cuando se acordó de los bizcochos de chocolate.

Comeré uno a ver si recupero mi tamaño normal.
Alicia tomó un bizcocho y empezó a crecer y a crecer.......hasta alcanzar su estatura y entonces pudo escapar, pero no tan aprisa como para evitar que una flecha lanzada por el cinco de trébol la alcanzara en la palma de la mano.
¡Ay, mi mano!
Entonces despertó, estaba en el prado reclinada en su hermana, un mosquito la había picado en la palma de su mano y ésta fue la causa de su despertar, asociando el picotazo con el dolor de la flecha del cinco de trébol.
-¡Oh, pero si todo ha sido un sueño! Qué cosas se sueñan............
Alicia se quedó mirando el horizonte recordando su aventura en el País de las Maravillas, mientras maquinalmente se rascaba la palma de la mano, donde se le había formado un circulito rojo producido por la picadura del mosquito.

FIN  

 

www.criscarbone.com.ar